Por qué te lesionas

Sí, lo más probable es que dentro de poco tengas una sobrecarga muscular, una contractura o una tendinopatía. La probabilidad de tener una lesión muscular es del 50% anual en deportistas aficionados, y la recuperación tarda un promedio de tres a seis semanas. ¡Ouch!

Al contrario de lo que se suele creer, la mayoría de las lesiones no se producen por un traumatismo (un golpe, una torcedura, un esguince) sino por sobreuso o por estrés repetitivo. En ambos casos la lesión se produce al someter a músculos y tendones a una intensidad de entrenamiento para que la no estaban todavía preparados.

Veamos primero en qué consiste el sobreuso. De alguna manera hemos llegado a creer que más entrenamiento, más intenso y más frecuente es siempre mejor; que más kilómetros, con más velocidad y más veces por semana nos harán más fuertes, más rápidos y más resistentes.  Sin embargo, no es así. Músculos y tendones no mejoran durante el entrenamiento, sino durante el descanso tras el entrenamiento. El entrenamiento es el estímulo, pero es durante el descanso que el músculo crece, que la coordinación neuromuscular mejora, que los tendones aumentan su tamaño y mejora la alineación de sus fibras de colágeno, que los cartílagos se regeneran y que los huesos se hacen más fuertes (sí, los huesos también se hacen más fuertes)Tu sistema músculo-esquelético necesita descanso al igual que tu cerebro dormir, porque es durante el descanso cuando se crean los nuevos tejidos. Sólo cuando se hacen más fuertes y tienen mejor coordinación pueden aguantar progresivamente más entrenamiento.

Por eso el riesgo no está realmente en la distancia, intensidad y frecuencia (D.I.F) del entrenamiento como tal, sino en si se produce un aumento de esa distancia, intensidad o frecuencia en menos tiempo del que el cuerpo necesita para adaptarse.  Es decir, demasiada D.I.F. para nuestro estado de forma en ese momento. Es cuando "nos venimos arriba" y pasamos de 7 km a 15 km, y en lugar de ir a un ritmo cómodo tratamos de batir nuestra mejor marca personal en cada sesión, y para colmo pasamos de entrenar de vez en cuando a casi todos los días. Y todo lo anterior a la vez. Músculos y tendones empiezan a protestar porque esa carga es superior a su capacidad, y aparecen molestias crecientes. Al principio son ligeras sobrecargas, pero si no se reduce el ritmo se transforman en sobrecargas fuertes y contracturas. Si se mantiene el ritmo de entrenamiento, las sobrecargas y contracturas terminan produciendo tendinopatías, fascitis y todo tipo de “-itis”, "-osis" y “síndromes” que inspiran pavor.

El estrés repetitivo es una variante del sobreuso. Se produce por alguna deficiencia de movilidad en alguna articulación, algún problema de estabilidad dinámica, o una postura o técnica inadecuadas. En definitiva, corresponde con el uso repetitivo de un músculo o tendón de una forma para la que no está diseñado. Por ejemplo, si corremos inclinados, si la postura en la bici no es la adecuada, o si juegas al paddle con una raqueta de empuñadura demasiado ancha. Un ciclista con un adecuado plan de entrenamiento puede llegar a recorrer centenares de kilómetros semanales sin problemas musculares. Pero si cambia su bici por una del tamaño incorrecto, se lesionará en cuestión de días, porque adoptará una postura forzada. Es decir, estará usando sus músculos y tendones de una forma para la que no están diseñados.

El nudo del problema: la acetilcolina

¿Qué ocurre en el cuerpo en estas situaciones de sobrecarga o estrés repetitivo? ¿Qué significa realmente que tengamos una sobrecarga? ¿Qué son esos “nudos” tan dolorosos en las contracturas? Y ya puestos, ¿por qué cuando tenemos una contractura el músculo no es capaz de relajarse?

Ya sabes que las órdenes de movimiento se originan en el cerebro y la médula espinal y viajan a través de los nervios en forma de impulsos eléctricos hasta que llegan a los músculos. El punto donde el nervio y el músculo se encuentran se conoce como placa motora. En este punto, las neuronas terminales del nervio se encuentran en contacto con las células musculares.

Pero, ¿cómo se comunican? ¿Cómo hacen estas neuronas terminales de los nervios para indicar a sus compañeras musculares que deben contraerse o relajarse?

Cuando las neuronas de la placa motora reciben el impulso eléctrico con la orden de contracción se lo comunican a la célula muscular a través de un neurotransmisor: la acetilcolina. La neurona segrega la acetilcolina y la membrana exterior de la célula muscular la detecta, iniciando la contracción. Mientras esté presente la acetilcolina, la célula muscular interpreta que debe realizar una contracción muscular. 

La sobrecarga y el estrés repetitivo producen alteraciones mecánicas en algunas placas motoras (tensión del nervio motor, vibración…). Estas alteraciones mecánicas producen que en la placa motora se libere acetilcolina sin que obedezca a señales enviadas por el cerebro y la médula espinal. Es decir, las neuronas empiezan a funcionar mal, liberando acetilcolina de manera errónea y espontánea. Así, tenemos algunas placas motoras confundidas indicando a algunas zonas del músculo que deben contraerse cuando, en realidad, ni cerebro ni médula espinal mandaron esas órdenes.

La liberación anormal de acetilcolina puede llegar a ser excesiva y hacer que la placa motora entre en un estado de contracción permanente. Cuando alcanza ese estado ya no es capaz de relajarse.

Si exceso de uso persiste, cada vez más placas se ven afectadas, y por tanto más partes del músculo entran en estado de contracción errónea permanente. En algunas zonas, la contracción puede llegar a ser intensa y dolorosa, con un tacto muy característico que todos conocemos: los famosos “nudos” (el nombre técnico es puntos gatillo). A menudo notamos con claridad ese “bulto” o “nudo” en el punto principal de la contractura, frecuentemente acompañado por otros puntos gatillo compañeros menos activos y que suelen pasar más desapercibidos.

El problema se agrava porque la contracción permanente dificulta el riego sanguíneo en la zona. Las fibras musculares literalmente aprisionan los capilares de manera constante y la sangre fluye peor. El músculo en esa zona en realidad necesitaría más oxígeno y energía, porque está en contracción (errónea, pero en contracción a fin de cuentas).  Y sin embargo le llega menos… Por si fuera poco, la sangre tampoco puede hacer su función de recogida de residuos metabólicos. Como consecuencia, en las zonas afectadas se produce una acumulación de muchas sustancias de desecho metabólico y causantes de dolor.

Esta situación de falta de oxígeno y acumulación de desechos produce un sufrimiento del tejido. Es un estado dañino que debilita el músculo, y cuánto más dura, más débil lo deja.

Actuar sobre las bolsas de acetilcolina libera el músculo provocando su relajación. reset2run es la alternativa más avanzada para la recuperación muscular.